Capicua, otro personaje exitoso del grande Adolfo Mazzone

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Siguiendo la línea iniciada con Afanancio, nos ocupamos ahora de Capicúa, otro de los grandes personajes – el primero de todos, en realidad –  de Adolfo Mazzone. La historieta de este simpático chico hizo su presentación en el semanario Patoruzú un 31 de julio de 1939,  bajo el título de Mi sobrino Capicúa.
Para conocer varios detalles importantes, tomo estos fragmentos de la nota que Hernán Schneider subió el año pasado a su anterior blogMundo Quinterno: «La tira debut, en el número 98 de Patoruzú, nos presenta cierto paralelismo con el indio de Quinterno. Capicúa llega en tren desde el ‘interior’ y es una herencia para el tío Olegario. El indio había hecho su debut una década antes como una herencia para Don Gil Contento y también llegaba en tren desde Chubut. Aquí, Mazzone ya deja ver algunos sellos de su estilo personal como un mono que quiere escaparse de un cuadro.
En la segunda entrega que se hizo el 7 de agosto, Olegario y el profesor se quieren sacar de encima a Capicúa pero cuando el muchacho da muestras de su buena suerte y se hace de un dinero cambian de idea y se lo llevan para presentarlo en la pensión.
En la tercera entrega que sale en el número 100 de la revista Patoruzú, Mazzone ya ha marcado claramente de qué trata su historia y ha resuelto a la perfección los roles de sus protagonistas y algunos de sus rasgos característicos, la ambición desmedida de Olegario, la locura de Capicúa por los quesos y su increíble suerte, los inventos de Bambufoca y la severidad de Doña Amparo…»
 
Capicúa es muy distraído, pero esa cualidad casi siempre le juega a favor: queda como un héroe sin proponérselo, y gana mucho dinero de la misma manera. Su verdadero interés apunta a saborear hormas enteras de queso, sin que hagan mella en su sistema digestivo…
Capicúa divierte a sus lectores, gana reconocimiento pero…
Judith Gociol y Diego Rosemberg nos cuentan que Mazzone se pelea con Quinterno y así la tira llega a su fin un 29 de abril de 1940, en el número 137 de la revista mencionada.
Sin embargo, muy poco tiempo después (el 3 de junio de 1940) Capicúa reaparece ahora dibujado por Eduardo Uliano, quien no era otro que el muy conocido Oscar Blotta.
Mientras tanto, el 12 de junio de 1940 sale a la luz el primer número de Cara Sucia. Se trata de una publicación de tamaño, diseño y características similares a Patoruzú. Esto es, una competidora sin vueltas.
Allí colaboraban Raul Valencia, Domingo Villafañe, Héctor L. Torino, Daloisio, L. Dantés (hermano de Torino), Marino y Mazzone. Adolfo presenta El Ñato Agrelo y…¡Capicúa!, con lo cual durante cierto tiempo el muchacho de los grandes dientes apareció en dos medios a la vez y por obra de dos dibujantes distintos. Indudablemente, Adolfo era el dueño de la criatura: para pensar, entonces, el tema de los derechos de autor…
«Mi sobrino» ya no figura en el título de la historieta y junto a Bambufoca aparece un supuesto Olegario de fisonomía muy diferente, aunque con su personalidad habitual.
Los argumentos mantienen el mismo estilo, incluyendo ese toque de cierto salvajismo en algunas acciones, muy propio de Mazzone.
Pero quizá lo realmente valioso para el dibujante haya sido la posibilidad de inventar historias con mayor libertad, y lucirse con cuadros algo más grandes y a dos colores. Incluso, Capicúa llegó a ser ilustración de tapa en varias ocasiones.

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