El trompo o peonza, era uno de mis pasatiempos preferidos

Ya habíamos tocado el argumento del trompo en esta entrada, pero me gusta recordarme del tiempo que le dedicaba. El trompo, común en los años 70, puesto que he jugado a menudo, junto con otros niños, más o menos grandesitos. Está claro que, para tener éxito necesitabas mucha precisión y familiaridad, los niños mayores solían hacerlo mejor.

Era un objeto sobre todo de tipo artesanal, que se encontró y todavía se encuentra en algunas tiendas de los barrios populares de muchas ciudades: sin embargo yo lo vi, incluso recientemente, en tiendas de regalos y objetos, de excelente factura pero, claramente, más caro que en las tiendas normales.

Se compone de un cuerpo cónico, especialmente de madera, a menudo terminado con grabados artísticos, con una punta metálica, una especie de “uña”, sin embargo, más redondeada.
Se envuelve una cuerda alrededor de la parte superior, pero no del todo, solo hasta aproximadamente la mitad, más o menos cuando la parte superior alcanza el diámetro máximo. La cuerda se tira rápidamente, al mismo tiempo que imprime una fuerte velocidad rotatoria.

Los más hábiles lo hacían inclinar de lado, primero en un lado y luego del otro, luego lograban hacer que se “enderece” por sí mismo, con un efecto no carente de cierta elegancia.

La duración de la rotación depende de varios factores, como una relación correcta entre la entrada de potencia y el equilibrio en el momento del lanzamiento, pero también teniendo la previsión de no “saltar” la peonza o trompo antes de su “viaje”, y, no menos importante, la de tirarlo lo más cerca posible para preservar su poder.

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